Los inicios de los balnearios de Barceloneta 5 (2)

Los inicios de los balnearios de Barceloneta 5 (2)

Las playas de Barcelona son el escape perfecto para los que viven y visitan la ciudad, especialmente cuando llegan los días de calor. Pero esta vida de ocio, de arena y mar que hoy nos es tan familiar y natural cada verano, no comenzó hasta hace poco más de 150 años.

Hoy viajamos al pasado para conocer cómo era “ir a la playa” en aquella Barceloneta.

Verano. Calor rondando los 30 grados. Sol que pica en la piel. Y un único deseo: entrar en el mar, fresco y reparador.

Después, descansar sobre la arena, oyendo el hipnotizante murmullo de las olas. 

Alrededor del mundo, la idea de “vacaciones” está siempre muy relacionada con una temporada al lado del mar. “Hacer playa”, relajarse o practicar algún deporte en o cerca del agua es lo que buscamos, cuando decidimos irnos a la costa para disfrutar de un merecido descanso.

Barcelona es una ciudad magnífica que ofrece a quien la visita arte, cultura, historia, gastronomía, noche… y playa!

Tiene ese privilegio, el de permitirnos escapar del ritmo de la ciudad para entrar en el mundo de los bañadores, las sombrillas, el sol, la arena y el mar, tan sólo con un viaje en metro o unos minutos de caminata.

Ahí, justo en el distrito de la Ciutat Vella, al ladito del casco antiguo, se encuentra la Barceloneta, nacida y crecida junto al Mediterráneo.

Y es ese mismo Mediterráneo la clave del pasado de Barcelona, de su crecimiento, de su apertura al mundo. El puerto fue el gran protagonista. Y la vida comercial de la ciudad giraba en torno a él. 

Imagen: Chimevapor

Pero no eran ésos años de bañistas u ocio en las playas. Eso llegaría mucho tiempo después.

Recién durante el siglo XIX, la sociedad descubrirá y convertirá en una actividad de ocio los baños en el mar. Y la Barceloneta será uno de sus escenarios principales.

Baños de salud

A fines del siglo XVIII e inicios del XIX se inicia una nueva “moda”: los baños de agua de mar caliente para su uso terapéutico y la playa como nuevo lugar de ocio.

Las clases más acomodadas comienzan a visitar, entonces, las zonas costeras de Francia e Italia… y llegan también a litoral marítimo de Cataluña.

Y, por supuesto, a Barcelona.

Ahora bien: cuando “van a la playa” no entran al mar a bañarse, como lo hacemos hoy en día. Eso era bastante poco habitual y, en todo caso, sólo practicado por las clases más populares.

Estos visitantes buscaban en las playas las casas de baños: establecimientos levantados en las cercanías al mar, donde se podían tomar baños en pica o pequeñas bañeras ubicadas en cabinas.

Esos baños podían ser de agua fría o caliente, extraída directamente del Mediterráneo. 

Ya hay registros en los años 20, del siglo XIX, de tres casas de baños en Barcelona. Una de ellas, justamente en la Barceloneta. 

Se lo conocía como Can Solé, porque estaba ubicado en el huerto que llevaba ese mismo nombre. Abría sus puertas desde el 10 de junio hasta finales de octubre y dependía de la Casa de Caridad.

Ofrecía baños de agua dulce y salada, fríos y templados y con el paso de los años, sería ampliado y se mejorarían sus instalaciones. Por ejemplo, las picas realizadas en mármol, un salón de descanso y un café. 

Como estaba alejado del centro de la ciudad, y atravesar la Barceloneta en aquellos tiempos no era tan “turístico” como ahora, se incluyó también un servicio de transporte propio desde la hoy Placa d’Antoni Maura, que se conocía como de Sant Sebastià, hasta la casa de baños. 

Equipos de hidroterapia, una máquina de vapor para captar el agua de mar, un jardín con manantiales y hasta una terraza con vistas al mar, fueron servicios que se fueron sumando ya llegada la mitad del siglo XIX. 

Pero Can Solé no estará solo. Durante las décadas del 50 y 60 del mil ochocientos otras casas de baños irán abriendo sus puertas, como el Astillero o Sant Miquel.

De arquitectura neoclásica, estos establecimientos disponían de un vestíbulo o salón desde el que surgían dos alas: una de hombres, y la otra de mujeres. Un pasillo las separaba, a lo largo del cual se encontraban las cabinas con las bañeras de mármol o madera. 

Para 1861 llegará el cierre definitivo de Can Solé, cuando se compren sus instalaciones para ampliar las de La Maquinista Terrestre y Marítima, una importante empresa metalúrgica ubicada en la Barceloneta, y de la que queda aún hoy huellas en el barrio: una de sus calles lleva su nombre (La Maquinista) y está en pie aún el arco de ingreso a la fábrica.

Los Baños Orientales

Para la misma época en que desaparece Can Solé, se comienzan a instalar en las playas las primeras casetas y barracas. Éstas se montaban y desmontaban cada verano. Las infraestructuras irán creciendo y sumando más servicios a los usuarios, como restaurantes, baños flotantes y equipos para realizar gimnasia.

En 1870, ir la playa tiene cada vez menos que ver con la salud y más con el ocio, el cuidado del cuerpo y la práctica de la natación.

Es en ese contexto en el que surgirán los baños más importantes de Barcelona: los Baños Orientales. Reconocidos como los mejores de España y uno de los más importantes del continente, se levantaron en 1872 siguiendo el proyecto del arquitecto August Font i Carreras.

Consistía en un edificio con aires neoárabes que contaba con 50 bañeras, debidamente separadas entre hombres, mujeres y familias. El lujo se dejaba ver, por ejemplo, en materiales como el mármol de Carrara en las instalaciones de hidroterapia. 

Para el año 1876, se decide agregar un sector de oleaje que se adentraba en el agua. Esta sección se protegía con una estructura de madera y permitía que los bañistas pudiesen realizar acrobacias gimnásticas y natatorias en el agua.

Un año más tarde, se inauguran dos piscinas cubiertas de 20 metros de largo, que llegaron a ser iluminadas con la reciente electricidad llegada a Barcelona a fines del siglo XIX.

Y, como no podía ser menos, contaban además con un servicio de tranvía (primero tirado por caballos, y más tarde electrificado) para unir el centro de la ciudad con los famosos baños.

Barceloneta ha cambiado mucho desde aquellos lejanos años. Y el frente marítimo mucho más. Ya no hay casas de baños e ir a la playa es más democrático y popular que nunca.

Han cambiado las maneras, las ropas, los usos y costumbres. Pero es curioso imaginar, mientras se está recostado en la playa escuchando el romper de las olas (y algún que otro vendedor de “cerveza-beer”), esos tiempos en los que nacía esa afición que hoy en día es un placer de muchos.

Fuentes: Barcelona.cat / UB.edu / OldBCN / Wikipedia / enricsagnier.com / justicia.gencat.com / veodigital

HOY VAMOS A: LA COVA FUMADA (Barceloneta) 5 (1)

HOY VAMOS A: LA COVA FUMADA (Barceloneta) 5 (1)

Auténtico y único, este bar/restaurante que ya es parte de la vida e historia del barrio es el lugar perfecto para disfrutar de sabores intensos, de una “bomba” legendaria y del mejor ambiente, que no te hace dudar de que has llegado a la Barceloneta.

Hay un detalle de La Cova Fumada que dice todo sobre ellos: en su fachada, a diferencia de todos los bares y restaurantes que uno puede salir a buscar, no hay ningún cartel.

Nada de letras coloridas y llamativas que nos digan qué ocurre ahí dentro. Nada que indique que ahí, detrás de esas puertas de aspecto antiguo y madera pintada de marrón oscuro, está la famosa Cova Fumada.

Y es que, sencillamente, no lo necesitan.

Los que viven en el barrio, saben perfectamente dónde está. Y los que vienen de más lejos, si la conocen es porque alguien les hizo llegar el dato, alguien los llevó o se los recomendó. Y con eso ya es suficiente. 

Acómodese donde pueda

La Cova Fumada se llena de gente, siempre.

Vecinos del barrio, de toda la vida, que desayunan o almuerzan aquí. Barceloneses que saben que una visita a la Cova es plan que hay que repetir más de una vez en la vida. Y turistas, de todos los rincones, que se enteran que aquí se esconde una joya gastronómica y llena de historia.

Nadie se lo quiere perder. Así que si es necesario (especialmente si se llega después de las 13hs.), se hace fila y se espera afuera, hasta que se libere alguna mesa (o espacio) que nos permita entrar y disfrutar de unas buenas tapas, acompañadas de una cerveza fría, o un vino de la casa.

El lugar es pequeño.  

Muy pequeño. Una barra a la izquierda, donde siempre hay más de uno que, en lugar de esperar una mesa, disfruta de su bebida y comida ahí mismo. También a la izquierda, pero un poco más arriba, los barriles de vino. 

Luego las mesas, ésas de mármol y patas de hierro que ya son un pequeño viaje en el tiempo, se reparten en los pocos metros cuadrados del salón. Que permite tan pocos asientos que sólo llegando a las 11 de la mañana, puede uno (quizás) elegir dónde sentarse. Más tarde, simplemente se agradece haber encontrado un lugar que ocupar.

Incluso, se puede llegar a compartir la mesa con otros, si es necesario. Es más: aunque tengas una mesa para vos sólo, están tan cerca unas de otras que se tiene la sensación de formar parte de una gran comida familiar.

Y finalmente, a la derecha del local, el lugar donde la magia ocurre: la cocina y sus fuegos.

Abierta al salón, es tan pequeña como el resto del lugar. Pero no se detiene nunca. Es un ir y venir de platos e inunda todo de los mejores aromas posibles. Es casi hipnotizante verlos trabajar al ritmo que lo hacen, porque una vez que La Cova Fumada abre sus puertas, los pedidos no dejan de llegar. Y sus platos, no paran de salir.

El origen del nombre

De esa cocina le viene el nombre a este lugar ya mítico de la Barceloneta; al parecer hubo un tiempo en que no había suficiente ventilación. Por eso que esta antigua bodega, llamada con cariño “cueva”, se encontrase casi siempre llena de humo…es decir, “fumada”.

Y de ese bautizo ya han pasado más de 75 años.

Tres generaciones de una misma familia han mantenido viva la historia y la vida de la Cova. Es muy poco lo que ha cambiado desde sus inicios: la barra de mármol, las viejas puertas y hasta la pizarra donde se pueden leer las propuestas del menú siguen estando tan presentes como su gente.

Estas paredes están a años luz del glamour y del “diseño”: aquí lo que vale es lo verdadero, lo auténtico, lo que cuenta el paso del tiempo. La esencia se ha mantenido inalterable y se agradece.

Ir a la Cova es sentirse parte de algo más grande: de la historia de un barrio, de la vida de sus gentes, siempre disfrutando de esos mismos sabores, porque son los que nunca fallan.

En 1944 este negocio familiar abrió sus puertas. La Barceloneta con su identidad de mar y pescadores fue el marco perfecto para este bar de tapas que haría de los pescados y mariscos bien frescos los protagonistas de su carta. Pero sin dudas, la gran estrella es la “bomba”. 

La (famosa) Bomba

Fue María, la abuela de los hoy dueños de la Cova, la genial creadora de esta delicia que, con el tiempo, intentó replicarse en más de un lugar. Pero hay que decirlo: la bomba de la Cova Fumada es única, porque entre el puré de patata, el relleno de carne y sus dos salsas (alioli y una roja bastante picante) se esconde un ingrediente secreto que ni la CIA podría desentrañar.

Cuenta la leyenda que fue un vecino del barrio, Enric, el que le dio el nombre sin quererlo. Al probar este manjar exclamó: “Esto es la bomba!”. Y lo demás, es historia.

Hoy, los hermanos Josep María y Magí Solé, llevan adelante esta herencia de familia: el primero, recibe en la puerta a los clientes y se encarga de llevar adelante la lista de espera. Atento en su trabajo, nunca olvida a nadie y hace malabares para encontrarle un lugar a todos. Magí, por su parte, ocupa su lugar en la cocina junto a la madre de ambos, Palmira, y su hijo Guillem

El resto del personal es siempre el mismo. Uno tiene la sensación de que si alguno de ellos faltara, la Cova no sería la misma. Todos son piezas fundamentales de un engranaje que funciona a la perfección.

Insistimos: el ritmo en este lugar es de no parar. Entre el bullicio de las mesas, no sabemos cómo, pero ellos logran sacar cada plato, encontrar un espacio para un nuevo comensal, servirte tu copa y todo, a una velocidad que más de un restaurante de comida rápida envidiaría. 

Qué comemos?

La pregunta en realidad debería ser: que NO comemos? Porque todo está tan bueno que uno quiere pedir la pizarra entera. Pero hay que controlarse. Igual, siempre se puede volver.

Ya hablamos de la bomba: así que sería pecado mortal no pedirla. 

Seguimos por los pescados y mariscos: el bacalao con su salsa de tomate es la gloria; el pulpo marinado tiene uno de los sabores más intensos y deliciosos que hayamos probado y el calamar a la plancha, con el ajo y el perejil, siempre nos tienta con su exterior dorado y crocante y tan tierno a la vez.

Si estos no te convencen, también hay mejillones a la marinera, calamar encebollado, gambas, navajas, buñuelos de bacalao… todo fresco y delicioso.

Dejando de lado los productos de mar, siempre vale una ensalada (la rusa o la de tomates y cebollas) o los garbanzos con morcilla que son un golazo.

Para beber, es sencillo: cerveza o vino (tinto o blanco) de la casa. Este último, servido en jarra y algo frío, por lo poderoso, convoca siempre a una buena y reparadora siesta.

Las raciones no son gigantes pero están a buen precio. La idea es que puedas probar un poco de todo. La premisa siempre es esta: cocina popular a precio popular. En todo caso, la cuenta final dependerá de tu capacidad de control para no pedirte todo lo que hay.

En nuestra vida barcelonesa, la Cova Fumada es ese lugar al que siempre queremos volver. Y siempre lo hacemos. Sobre todo con amigos.

Tiene ese poder maravilloso de hacernos quedar bien, cada vez. De hecho, con algunos se ha convertido en ritual y visita obligada cada año que vienen a Barcelona. No se pueden volver a casa sin que haya un almuerzo en la Cova Fumada. Y si podemos, repetimos.

Todo es alegría y esa sensación increíble de que se está viviendo lo bueno de la vida. 

Tip: si  bien te dejamos a continuación los horarios, te dejamos este dato importante. Si querés asegurarte entrar a la Cova, el horario ideal es alrededor de las 12hs. Ya después de las 13hs, no hay más opción que la lista de espera. Y asegurate de esta anotado: cuando a las 15hs se cierran las puertas, el que no está en la lista ya no entra.

Muy cerca de La Cova Fumada están las playas de Barceloneta enterate de la historia y datos curiosos de estas playas en este artículo.

No dejes de visitarlos en:

LA COVA FUMADA

Carrer del Baluard 56, Barrio de la Barceloneta

Teléfono 932 21 40 61

Horario: De lunes a viernes, de 09:00h a 15:00h.

Jueves y viernes también de 18:00h a 20:00h.

Sábados de 09:00h a 13:00h.

Link: Web / Instagram / Facebook

ARC DE TRIOMF 5 (5)

ARC DE TRIOMF 5 (5)

Icono de Barcelona, es uno de los monumentos más fotografiados de la ciudad. 

Hoy es el acceso al Passeig Lluís Companys, un lugar lleno de vida. Pero el Arc de Triomf o Arco del Triunfo fue la gran puerta de la Expo Universal que se realizó en Barcelona en 1888.

Para que nos hagamos una buena idea de la importancia de esto, debemos entender que las expos universales eran grandes acontecimientos a fines del siglo XIX.

Que tu ciudad fuera elegida como sede significaba varias cosas: primero, era la mejor manera de poner en el mapa a la ciudad, y eso era muy importante en este «nuevo» mundo moderno. Segundo, permitía mostrar todo el potencial industrial, económico, científico y artístico del país. Y tercero, era una gran fuente de futuras inversiones extranjeras y recursos económicos para la ciudad.

El Arco del Triunfo se construye con la idea de que sea una impactante puerta de entrada al paseo que culminaba en el Parc de la Ciutadella; el definitivo ingreso a la Expo.

Fue una gran oportunidad para apoyar el Modernismo, que era un movimiento principalmente arquitectónico que surgía en aquellos años en Barcelona. Y de la primera etapa de este movimiento, es este Arco del Triunfo, que recupera elementos neomudéjares.

Su arquitecto fue Josep Vilaseca.

Algunos datos del Arc de Triomf

El Arco del Triunfo tiene unos 30 metros de altura, y si bien la estructura es de proporciones clásicas, la profusión de detalles, el color y la decoración lo acercarán a la vistosidad del modernismo catalán.

El ladrillo es el material que lo caracteriza, e incluso lo destaca en comparación con la gran mayoría de arcos de triunfo que puedan ver en Europa. Aunque no sólo eso, porque cabe destacar que el resto de los arcos de triunfo se construyeron para conmemorar victorias importantes o a grandes generales de la historia, pero en este caso, como ya explicamos, este arco del triunfo se construye para dar una entrada espectacular a la exposición universal de 1888. Cuestión que nos da una idea de la importancia que tiene para Barcelona (y Catalunya) el comercio, la industria y las ciencias.

Siguiendo con la descripción podemos observar que destacan varios elementos escultóricos y frisos en ambas caras del arco.

La cara que da al Passeig Sant Joan, en su sección central superior contiene el friso que daba la bienvenida a los visitantes, llamado “Barcelona recibe a las naciones” del escultor catalán Josep Reynés.

El lado opuesto cuenta con el friso llamado “Reparto de recompensas a los participantes de la Exposición” del reconocido escultor Josep Llimona.

En los laterales del Arco del Triunfo podrán ver profusas decoraciones, entre las que destacan sobre uno de los lados las alegorías de la Industria, la Agricultura y el Comercio; y en el otro las de las Ciencias y las Artes. Además, en los contrafuertes verán «famas» que son las estatuas de figuras aladas y fueron esculpidas por los artistas Manuel Fuxà y Pere Carbonell.

En la curva del arco está el escudo de Barcelona, flanqueado por los escudos de las 48 provincias españolas

El Paseo Lluís Companys

El Passeig Lluís Companys, conserva las farolas modernistas diseñadas por Pere Falqués (el mismo de las farolas del Passeig de Gràcia o de la Av. Gaudí) y era el recinto de entrada a la Expo Universal de 1888. Las farolas combinan piedra y hierro, y al igual que en el diseño de las farolas de Passeig de Gràcia, también hay asientos en la base.

En su diseño original, el paseo estaba flanqueado por estatuas de figuras importantes de la historia catalana. Durante la Guerra Civil las estatuas fueron removidas y sólo han quedado dos de ellas: la de Antoni Viladomat (pintor catalán) y la de Roger de Lluria (navegante catalán), que se ven al final del paseo, justo enfrente del ingreso al parque.

La tercer escultura que pueden ver en el final del paseo, en medio de las dos ya nombradas, corresponde a Rius i Taulet, quien fue alcalde de Barcelona en los años de la Expo y un gran impulsor del proyecto. La obra es de Pere Falqués y Manuel Fuxá, con la colaboración de Eusebi Arnau en la figura que representa a Barcelona.

En la base de esta escultura se observan 4 escudos que representan las 4 obras más importantes de la gestión de Rius i Taulet:

  • la Exposición Universal;
  • el Parc de la Ciutadella;
  • el Monumento a Colón y
  • la Gran Vía de las Cortes Catalanas.

Ascendiendo surge un obelisco donde se encuentra el busto del alcalde y dos figuras femeninas que simbolizan el Trabajo y Barcelona. En la parte posterior hay tres genios que representan la Industria, la Ciencia y el Arte.

También al final del paseo, justo antes de llegar a las tres estatuas, hay un mapa pintado en el suelo que recrea la Barcelona del 1714.

Tiene unos 200 metros cuadrados y en él se pueden ver dos planos, superpuestos. Uno actual y el otro, de 1714, donde se señalan los puntos o lugares que han desaparecido o fueron alterados luego de la Guerra de Sucesión y el Sitio de Barcelona, y a lo largo de los últimos 300 años.

El mapa se conoce como el “Mapa Tricentenari BCN” y si llegás hasta él, podrás obtener información adicional de la ciudad a principios del siglo XVIII, podés hacer uso de una aplicación disponible en móviles y tabletas.

El Palacio de Justicia

Un edificio que llama mucho la atención de quienes pasean por aquí es el Palacio de Justicia; un hermoso edificio, de estilo ecléctico, proyectado por Enric Sagnier y Josep Domènech i Estapà a finales del siglo XIX e inaugurado en 1908.

Es uno de los primeros edificios monumentales de la ciudad, que combina el uso de la piedra, que da la idea de solidez y del peso de la justicia, junto con el hierro, el material que representaba mejor la época moderna que se estaba viviendo.

Fuentes: Barcelona.cat / UB.edu / OldBCN / Wikipedia / enricsagnier.com / justicia.gencat.com / veodigital

HOY VAMOS A: CHARCUTERIA LA PINEDA (Barrio Gótico) 5 (1)

HOY VAMOS A: CHARCUTERIA LA PINEDA (Barrio Gótico) 5 (1)

Abierta desde 1930, la Charcutería La Pineda es uno de esos colmados/bares bien auténticos, donde el tiempo no parece haber pasado y donde los productos frescos, variados y de mucha calidad son la estrella.

Caminar por el casco antiguo de Barcelona tiene eso: la posibilidad maravillosa de descubrir rincones, tesoros escondidos y bares de siempre que son parte de la identidad de esta apasionante ciudad.

Y si bien La Pineda no está atrapada entre pequeñas callecitas (más bien, está en una de la calles más transitadas del Gótico, el Carrer del Pi), su espíritu de tiempos pasados la distingue de todas la otras ofertas que hay en esta calle. 

¡Pasen y vean!

Un toldo que indica su año de nacimiento y una vitrina en la que ya se pueden ver sus productos, sumados a los embutidos que cuelgan en la puerta es la mejor invitación para entrar.

Y adentro se pone aún mejor: chorizos, fuets, longanizas, jamones que cuelgan desde el techo sobre una nevera que guarda más variedades de fiambres y quesos. Las paredes que se llenan de vinos, cervezas, aceites, condimentos y conservas rodean unas pocas mesas, de esas de mármol con patas de hierro, que te llaman a sentarte y a disfrutar de un buen momento. 

Y en lo alto, como en un entresuelo, un mundo de botellas de todos los colores y formas. La mejor bienvenida a un  lugar en que el buen comer y beber están asegurados.

Todo en La Pineda respira aires de otros tiempos.

Pequeña y acogedora, el simple hecho de entrar es ya un gusto para la vista. Pero lo mejor está por llegar,porque cuando te sentás y pedís cualquiera de sus propuestas, los sabores son tan buenos que hace que te preguntes ¿por qué no viniste antes a comer a este lugar?

Siempre se empieza por la bebida. Vinos, vermut, cerveza, cava… hay para todos los gustos.

Pero además, en la Pineda el personal, súper atento y amable, te asesora para que te tomes ese vino que se ajusta mejor a tu paladar o a tus ganas de ese día. Las opciones son muchas y seguro encontrarás algo que sea ideal para vos.

Ahora bien, cuando llega el turno de la comida la experiencia llega a su punto más elevado.

Te desafiamos a sentarte en una de sus mesas, tomar la carta y elegir en 1 minuto lo que vas a pedir, sin dudar ni un segundo de tu elección.

Creemos que te va a costar hacerlo. Porque hay tantas opciones y todas suenan tan ricas, que vas a querer todo lo que hay en la Pineda.

A comeeeeeer.

Desde tablas de quesos y embutidos, pasando por conservas y olivas de todas las formas, colores y sabores, hasta llegar a los bocadillos que son uno más tentador que el otro, en este colmado de 90 años de vida no faltan sabores, y de los buenos.

Mención aparte para la variedad de jamones: no dudes en consultar con la gente de la Pineda que te va a asesorar para que puedas elegir según el precio y la calidad que estés buscando.

Los productos que se ofrecen no son sólo catalanes. Desde distintos rincones de España llegan también quesos, chorizos, jamones… uno se puede dar un paseo gastronómico por los mejores sabores de estas tierras sin moverse de la silla.

Vamos a ser claros: éste no es un lugar barato. La calidad se paga, pero acá se paga sin exagerar.

Los precios son acordes a lo que se ofrece, y según tu presupuesto, podés disfrutar de un delicioso bocadillo por menos de lo que sale una hamburguesa en una de esas cadenas de comida rápida. Y en un entorno único, al que seguramente le harás más de una foto.

La atención en La Pineda es de destacar: no ha habido ni una sola vez (y eso que ya fuimos unas cuantas veces) en que no nos hayan tratado con cuidado y dedicación.

Tuvimos la suerte de conocer a MARÍA quien supo orientarnos, dentro de la gran variedad de propuestas que tienen, para ayudarnos a elegir lo que mejor va con nuestros gustos y antojos.

Y siempre con una sonrisa y mucha amabilidad. Ese es el broche de oro para una experiencia que no podes dejar pasar si estás en Barcelona.

Tip: en La Pineda no sólo se puede comer, también funciona aún como colmado o almacén. Así que si estás de paso, o preferís montar en tu casa un delicioso pica-pica con los mejores productos, podés pasar y comprar tus embutidos y quesos, como en cualquier charcutería de la ciudad.

Muy cerca de La Pineda podrás descubrir un lugar encantador donde entre otras cosas encontrarás la Basílica de Santa María del Pi. No te pierdas este paseo.

Acá te dejamos los datos para que puedas llegar sin problemas a este imperdible del Gótico:

CHARCUTERIA

LA PINEDA

Carrer del Pi 16, Barrio Gótico

Teléfono 933 02 43 93

Horario:

De lunes a sábados, de 09:00h a 21:30h.

Domingos de 10:00h a 15:00h.

Links: Instagram / Facebook

BASÍLICA DE SANTA MARIA DEL PI 5 (3)

BASÍLICA DE SANTA MARIA DEL PI 5 (3)

El barrio Gótico de Barcelona, entre la Vía Laietana y la famosa Rambla, es el corazón del nacimiento de la ciudad.

Un enreverado recorrido de calles y algunas pequeñas plazas, configuran este barrio tan bonito, en el que hay mucho por descubrir. 

La arquitectura religiosa ha dejado su marca; y es espacialmente el estilo gótico el que marca el paso en este barrio tan especial.

Una de esas iglesias, que son el testimonio del pasado de Barcelona, es la de Santa María del Pi. Rodeada hoy de plazas, que alguna vez supieron ser cementerios, el templo es parte del legado arquitectónico del gótico catalán.

Se construyó a lo largo del siglo XIV, durante el período de mayor expansión y auge de la Corona de Aragón.

El puerto y su actividad comercial habían convertido a Barcelona en una ciudad rica y próspera. Esa misma prosperidad dará impulso a la renovación de la ciudad, y las iglesias no se quedan afuera de esa transformación: se necesitan templos más grandes y más bellos, que puedan acomodar a más feligreses.

Por eso, alrededor de 1320 (no se sabe con exactitud la fecha de inicio de las obras) comenzó la construcción de un templo gótico, donde antes había habido uno románico.

A mediados del siglo, y con medio templo ya levantado, se debieron interrumpir las obras debido a la llegada de la peste negra a la ciudad. Finalmente, en 1391 se colocó la última piedra y la consagración llegaría a mediados del siglo siguiente; siglo en el que también se sumarán el campanario, la sacristía, la capilla del Capítulo y la rectoría.

Pero, dónde empezó todo?

A pesar de la falta de evidencias documentales, se suele creer que ya en el siglo V d.C. en el lugar donde hoy nos encontramos con el templo gótico, había una pequeña iglesia o construcción, fuera de las antiguas murallas romanas que delimitaban a la ciudad por aquellos tiempos.

Al parecer, alrededor de esta construcción inicial se desarrolló un asentamiento que llegó a ser conocido más adelante como Vila Nova del Pi: uno de los suburbios de aquella antigua Barcelona, que unos ocho siglos más tarde se incorporaría a la ciudad con la expansión de las murallas.

Ahora, si nos ajustamos a la documentación, la primer referencia sobre Santa María del Pi es del año 987, cuando hay referencias de una pequeña iglesia de estilo románico con tres altares, al menos.

Será, como contamos antes, en el siglo XIV cuando llegará la gran renovación gótica a este templo.

Testigo del pasado

Santa María del Pi, con sus más de 600 años, ha sido testigo de los sucesos históricos que han marcado la vida de Barcelona y de España. 

Terremotos, bombardeos, sitios, incendios… sí, ha sobrevivido a mucho. 

La iglesia ha sido parte de la defensa de la ciudad y sus campanas tañeron con fuerza para arengar al pueblo en conflictos armados, no sin sufrir daños en su estructura y pérdida de su patrimonio artístico.

Uno de los sucesos más devastadores fue el ocurrido en el contexto de la Guerra Civil Española, en el año 1936. El incendio, llevado adelante por grupos anticlericales, consumió el Altar Mayor, la sillería, portales, capillas y el Órgano Mayor, entre otras estructuras. Y el rosetón, uno de los más grandes de Europa con casi 10 metros de diámetro, estalló debido al calor.

Fue el esfuerzo de la comunidad el que logró darle vida nuevamente a este templo, para que pueda seguir siendo parte y testimonio de la historia de esta maravillosa ciudad.

¿Por qué Santa María del Pi?

Un elemento infaltable de la plaza de Santa María del Pi es el pino. Porque, digámoslo de una vez, “pi” en catalán significa “pino”.

La tradición popular cuenta que un marinero encontró la imagen de la virgen en la copa de un árbol como este. Se construyó, entonces, una pequeña capilla que, con el tiempo, evolucionó hasta la iglesia que tenemos hoy.

Es claro que el que hoy se alza en la plaza no es el pino original. A su muerte, se reemplazó con uno nuevo, como recuerdo de aquel donde se produjo el milagro.

Se cuenta, incluso, que el pino original seguía existiendo en épocas de la invasión francesa, a principios del siglo XIX, pero que murió víctima de una ataque de bayoneta de un soldado napoleónico.

El pino siguió siendo sustituído cada vez que fue necesario. El que hoy se alza en la plaza es parte de tan larga tradición desde 1985.

Un paseo bohemio

No sólo es preciosa la iglesia: su entorno no se queda atrás. 

Las tres pequeñas plazas que la rodean se llenan de vida, especialmente los fines de semana. 

Terrazas de bares y cafeterías a rebosar de gente, artistas callejeros que comparten su música y talento y, siempre ubicados en la Plaza de Sant Josep Oriol, pintores locales que venden sus obras, muchas de ellas retratando a Barcelona y sus rincones.

También, en la plaza a la que da la fachada principal de la iglesia, suele tener lugar una feria de productos artesanales llevada adelante por el Colectivo de Artesanos de la Alimentación.

Todos los sábados y domingos y el primer y tercer viernes de cada mes, podrás encontrarlos ofreciendo quesos, miel y sus derivados, yogures, patés, embutidos, caramelos, especias, jaleas, aceitunas, galletas, dulces, vinos y más. 

Barcelona tiene muchos rincones por descubrir y siempre decimos que lo mejor es dejarse llevar y perderse por la ciudad. No hay mejor manera de conocerla.

Pero si estás en el Gótico, no te pierdas la oportunidad de conocer a Santa María del Pi: un rincón donde se conjugan el arte, la historia y la bohemia, siempre bajo la sombra de un pino legendario.

Si querés visitar la iglesia por dentro, te dejamos este link para que puedas ver horarios y precios.

Fuentes:

Basílica del Pi

Barcelona Turistic

Barcelona.cat

Pin It on Pinterest